Los pies, los besadores de la tierra,
hacia la pierna el ángel del tobillo,
tibia ascensión de piel,
perfil de la penumbra
que sube por el muslo hacia la luna,
un territorio incierto,
un suave advenimiento
de cumbre de la mansa travesía,
luego la altura dócil,
reposada cadera del imperio,
maja dormida, venus sin espejo,
y un desbarrancamiento a la cintura,
un resbalar de luz hasta el olvido
para seguir subiendo
la hedónica ladera de la espalda,
torácica prisión, dorso del alma,
después la curva clara,
la música del hombro,
el cuello desvalido
y desde allí fluyendo caudalosa la oscura cabellera hasta la sombra. 

Texto: La mansa Travesía, de Pedro Mairal
Foto: Pies. V. Q.